Textos d’espiritualitat

 

La persona del teu costat

Mira al teu voltant.

Qui és la persona que està asseguda al teu costat?

La persona del teu costat és el miracle més gran que mai no et podràs trobar… i també és el misteri més gran!

La persona del teu costat és una reserva inextingible de possibilitats… amb possibilitats que només han estat tocades parcialment.

La persona del teu costat és un món únic d’experiències, veient les coses amb necessitat i possiblitat, por i desig, somriure i mala cara, llàgrimes i rialles, temença i esperança… tot lluitant per trobar expressió.

La persona del teu costat està començant a ser alguna cosa, alguna cosa encisadora, s’hi està per alguna cosa, funciona per alguna cosa, va cap a alguna cosa.

La persona del teu costat és més que una descripció, és més que una explicació, és més… molt més!

La persona del teu costat té prolemes i pors de la mateixa manera que tu, sovint és poc decidida però afronta amb fermesa les adversitats i és capaç de sobreviure de la manera més increïble a les dificultats i als reptes.

La persona del teu costat és tot un grup de persones, persones que s’han anat trobant durant el llarg de tota la seva vida.

La persona del teu costat té alguna cosa amb què poder millorar una part del món, té una resistència que mai li serà reconeguda, necessita parlar d’aquesta necessitat, necessita que l’escoltis. Però s’atreveix aquesta persona a parlar-te’n?

La persona del teu costat necessita un amic, vol ser amic d’algú: pot confortar-te, tenir cura de tu, entendre’t, creure en tu i estimar-te. Això és el que aquesta persona vol.

La persona del teu costat està sent i és un fantàstic ésser humà!
Voldràs arribar a conèixer aquesta persona?

 

 

 

Aqui us deixo un text introductori sobre una antiga tècnica Hawaiana de curació.

EL HO’OPONOPONO – por Joe Vitale

Hace dos años oí hablar de un terapeuta en Hawái que curó a un pabellón entero de pacientes criminales dementes sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del preso y, a continuación, miraba hacia dentro de sí mismo a fin de ver cómo había creado la enfermedad de aquella persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente también mejoraba.

La primera vez que oí esto pensé que se trataba de alguna leyenda urbana. ¿Cómo podía alguien curar a otro, solo a través de curarse a sí mismo? ¿Cómo podía, aunque fuese el maestro con el mayor poder de auto-curación, curar a alguien criminalmente insano?
No tenía ningún sentido, no era lógico, de modo que descarté esa historia. Pero volví a oírla al cabo de un año. Supe que el terapeuta había empleado un proceso de cura hawaiano llamado “Ho’oponopono”. Nunca había oído hablar de él, sin embargo no era capaz de quitarlo de la mente. Si la historia era realmente verdadera, yo tenía que saber más. Siempre supe que total responsabilidad significa que yo soy responsable por lo que pienso y hago. Lo que esté más allá, está fuera de mis manos.
Considero que la mayor parte de la gente piensa lo mismo sobre la responsabilidad. Somos responsables por lo que hacemos y no por lo que hacen otros. Pero eso es erróneo.

El terapeuta hawaiano que curó a esas personas mentalmente enfermas habría de enseñarme una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Lhaleakala Hew Len.
Pasamos, probablemente, una hora hablando en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contase toda la historia de su trabajo como terapeuta. Él me explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawái durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso.
Por regla general, los psicólogos dimitían tras un mes de trabajo allí. La mayor parte del personal del hospital se ponía enfermo o dimitía. Las personas que pasaban por aquel pabellón simplemente caminaban con la espalda pegada a la pared, por miedo a ser atacadas por los pacientes. No era un lugar bueno para vivir, ni para trabajar, ni para visitar.

El Dr. Len me dijo que nunca vio a los pacientes. Firmó un acuerdo para tener una sala en el hospital y revisar sus historiales médicos. Mientras leía esos historiales, él trabajaba sobre sí mismo. Mientras él trabajaba sobre sí mismo, los pacientes empezaron a curarse. “A los pocos meses, los pacientes que estaban encadenados recibieron permiso para caminar libremente”, me dijo. “Otros, que tenían que estar fuertemente medicados, empezaron a tener su medicación reducida. Y aquellos que no tenían jamás cualquier posibilidad de ser liberados, recibieron el alta”. Yo estaba asombrado. “No ha sido solo eso”, continuó, “hasta el personal empezó a ir a trabajar más gustosamente”. El absentismo y los cambios de personal han desaparecido. Terminamos con más personal del que necesitábamos, porque los pacientes eran liberados y todo el personal venía a trabajar. Hoy, aquel pabellón del hospital está cerrado”.
Fue en este momento cuando tuve que hacer la pregunta del millón de dólares: “¿Qué fue lo que usted se hizo a sí mismo para ocasionar tal cambio en aquellas personas?”
“Yo simplemente estaba curando aquella parte de mí que los había creado”, dijo él.
No comprendí. El Dr. Len entonces me explicó que entendía que la total responsabilidad por nuestra vida implica todo lo que está en nuestra vida, por el simple hecho de estar en nuestra vida y ser, por ello, de nuestra responsabilidad. En un sentido literal, el mundo entero es creación nuestra.
¡Guau! Pero esto de difícil de tragar. Ser responsable por lo que digo y hago es una cosa, pero ser responsable por lo que dice y hace otra persona que está en mi vida es muy diferente.

A pesar de todo, la verdad es esa: si tú asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que miras, escuchas, saboreas, tocas o experimentas de cualquier forma, es de tu responsabilidad, simplemente porque está en tu vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, está allí para que tú la cures. Todo esto no existe, en realidad, a no ser como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está “en ellos”, sino en ti, y para cambiar esto, eres tú el que tiene que cambiar.
Sé que eso puede parecer difícil de entender, más aún de aceptar o de realmente vivenciar. Echar la culpa a otra persona es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad, pero mientras charlaba con el Dr. Len, empecé a comprender esa forma de curación suya y que el Ho’oponopono significaba amarse a sí mismo. Si deseas mejorar tu vida, debes curar tu vida. Si deseas curar a alguien, aunque sea un criminal mentalmente enfermo, lo harás curándote a ti mismo.
Pregunté al Dr. Len cómo hacía para curarse a sí mismo. Qué era exactamente lo que él hacía cuando miraba los historiales de aquellos pacientes.
“Yo, simplemente, permanecía diciendo ‘Lo siento mucho’ y ‘Te amo’, una y otra vez”, explicó.
“¿Solo eso?”
“¡Solo eso! Ocurre que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo y a medida en que te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo”.
Permíteme, ahora, poner un rápido ejemplo de cómo funciona esto.
Un día alguien me envió un correo que me desequilibró.

En el pasado yo hubiese reaccionado trabajando mis aspectos emocionales tórridos o intentado argumentar con la persona que me había enviado aquel mensaje detestable.
Sin embargo, esta vez decidí probar el método del Dr. Len.
Empecé a pronunciar, en silencio: “Lo siento mucho” y “Te amo”. No lo decía para alguien, en particular. Permanecía, simplemente, invocando el “espíritu del amor”, para que él curase dentro de mí lo que estaba creando aquella circunstancia externa. Al cabo de una hora, recibí un correo de aquella misma persona, disculpándose por el mensaje que me había enviado. Yo no había llevado a cabo ninguna acción externa para recibir tal disculpa. Ni siquiera había contestado aquel mensaje. Y sin embargo, tan solo con repetir “lo siento mucho” y “te amo”, de alguna manera curé dentro de mí aquello que había creado en aquella persona.
Posteriormente participé en un taller sobre el Ho’oponopono, impartido por el Dr. Len.

Él tiene ahora 70 años de edad, está considerado “chamán abuelo” y es un poco solitario. Elogió mi libro “El Factor Atractivo”. Me dijo que, a medida en que yo me vaya mejorando a mí mismo, la vibración de mi libro aumentará y todos sentirán lo mismo cuando lo lean. En resumen, a medida en que yo mejore, mis lectores también mejorarán.
Y ¿qué pasará con mis libros que ya he vendido y ya han salido de mí?” pregunté.
“Ellos no han salido”, explicó él, tocando mi mente, una vez más, con su sabiduría mística. “Ellos están aún dentro de ti. Porque nada está por el lado de afuera”.
Sería necesario un libro entero para explicar esa técnica avanzada con la profundidad que se merece. Sin embargo, he aprendido que basta únicamente el “querer” en nuestra vida para curar y que no hay más que un lugar donde ir a buscar la curación: dentro de uno mismo. “Para curar, basta amor”.

*******

Per saber més informació sobre el Ho’oponopo és molt recomenable el llibre “Cero Limites” escrit per Joe Vitale i el Dr. Hew Len (Ediciones Obelisco). És un dels pocs llibres que aprofundeix en aquesta matèria.

 

 

Aquí us deixo un interessatíssim text de bona nit sobre una experiència real de no-violència. Si algú el vol traduir, benvinguda serà.

La mentira descubierta. Anécdota del Nieto de Mahatma Gandhi

El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el parte de sus padres:

“Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar.

Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine.

Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el auto al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo: Nos vemos aquí a las 5 pm. y volvemos a la casa juntos.

Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5:30 p. m. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el auto y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 p. m. Él me preguntó con ansiedad: – ¿Por qué llegas tarde?.

Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el auto no estaba listo y tuve que esperar… esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo: – Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo… así que yo manejé 5 horas y media detrás de él… viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir. Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso… Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos ¿hubiese aprendido la lección?.

¡No lo creo!. Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.

¡¡¡Éste es el poder de la vida sin violencia!!!

Font: Arnau Aloy

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